Citas de Viajeros románticos en Andalucía

Alcanzamos Lanjarón por un camino malísimo, bordeando precipicios y atravesando torrenteras. Aquello es un oasis en medio de un horrible desierto. Sus naranjales, que cuelgan del escarpe de las montañas sobre un sombrío barranco, se cuentan entre los más fértiles de España.

Ese día pasamos por la Fuente de la Piedra, cerca de la salina del mismo nombre, una bella lámina de agua que refleja, como un espejo, las montañas lejanas. Así llegamos a la vista de Antequera, la vieja y guerrera ciudad que yace en la falda de la gran sierra que atraviesa Andalucía.

Puesto que estamos visitando monumentos, entremos unos instantes en la Fábrica de Tabacos, que está a dos pasos.

Debido a su estratégica posición, a la entrada del puerto, Loja ha sido llamada, con justicia, la llave de Granada. Es reciamente pintoresca, construida a lo largo de la cresta de una árida montaña. Las ruinas de un alcázar musulmán coronan un promontorio rocoso que emerge del centro del pueblo.

Equipados y acompañados de esta guisa, salimos a medio galope de la hermosa ciudad de Sevilla a las seis y media de la mañana, un luminoso día de mayo.

La población de Cádiz se ha cifrado recientemente en sesenta y dos mil personas pero es indudable que ha bajado mucho con la decadencia del comercio si consideramos la cantidad de casas deshabitadas que se ven por todas partes.

En unas dos horas alcanzamos el muelle de Cádiz, uno de los lugares más ruidosos del mundo, y pasamos allí a la salida más cercana donde el personal de aduana y la policía nos esperaban de pie dispuestos a registrar y examinar a todo el que entrara.

Alcanzamos el Puerto de Santa María al atarceder. Estábamos deseando pasar la noche en Cádiz en lugar de las impersonales posadas de Santa María.

Andújar nos causó una agradable impresión cuando entramos por ella puesto que las calles son limpias y las casas están blanqueadas. Todos los balcones estaban atestados de flores que formaban como un parterre en miniatura.

La noble carretera de Andalucía atraviesa la Carolina a todo lo largo de su casco urbano y constituye su calle mayor. Las otras calles discurren o paralelas a la carretera o perpendiculares a ella.

La carretera de Despeñaperros se trazó en tiempos del buen Carlos III. Es obra de M. Le Maur, un ingeniero francés, y constituye un noble triunfo del ingenio humano sobre los obstáculos de la naturaleza.

Sevilla está situada a la orilla del Guadalquivir, en una extensa llanura, y de ahí le viene el nombre de Híspalis, que quiere decir tierra llana en cartaginés, si damos crédito a Arias Montano y Samuel Bochart.

"No se puede imaginar nada más pintores y extraño que los alrededores de Málaga.