Citas de Laos

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    Las tenderas se desperezaban en los puestos, aburridas. Casi todas iban abrigadas con gorros y abrigos sobre los sarongs y calzaban calcetines y chanclas. Algunas acunaban a niños dormidos en el regazo.

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    Cada diez metros bordeaban el paso dos pequeños mojones de cemento. Eran como placas bicolores clavadas en el suelo arenoso. [...] Resultaba difícil imaginar que más allá de estas placas el suelo era una ruleta rusa.

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    Los edificios no tenían más de tres plantas y, salvo los tres o cuatro hoteles con estrellas, todos presentaban un aspecto descuidado, con fardos de cables que recorrían las fachadas y saltaban a los postes de luz como enredaderas negras.

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    No había mucha gente a esa hora, pero los que allí se sentaban, con una cerveza o batido de extraño color en la mesa, miraban fijamente al frente. En el fondo de cada terraza un televisor enorme proyectaba...

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    En la balaustrada dos novicios con sus cabezas afeitadas y sus túnicas anaranjadas leían juntos un libro de texto. Jennie se asomó con curiosidad por encima de sus hombros...

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    El maquinista, el capitán y la camarera del bar iban sacando el equipaje y depositándolo al lado del barco, en una creciente colina de bultos de colores. Se hacía de noche rápidamente y las mochilas se iban haciendo indistinguibles en la oscuridad.