Citas de Baleares

  • La maravilla máxima que para los ojos del alma y para el alma de los ojos ofrece Mallorca está aquí, en Valldemosa, y es la soberbia cornisa de Miramar.

  • En Deyá, lo mismo que en Sóller, vese un pueblo de encendido Mediterráneo, al pie de unas rocas que parecen alpinas. No es métricamente ninguna gran cumbre la del Puig Mayor, no llega a los 1.500 metros y, sin embargo, nos hace la impresión de un gran gigante alpino.

  • Sóller es como otra isla dentro de la isla. Pósase el pueblo en un valle hondo abierto hacia el mar, sedimentado de naranjos y sobre el cual se alzan imponentes picachos y presidiéndolos el primer gigante pétreo de Mallorca, el Puig Mayor de Torrellas, que sepulta su cresta en el cielo.

  • Lluch, el santuario, es el Montserrat de Mallorca. Allí, en el corazón espiritual de la isla, y que es como el centro del espinazo rocoso de ella, forma el ceñidor de las montañas, con sus picachos por almenas, como otra isla, un reposadero de calma y de ensueño.

  • Mallorca, la isla dorada, debe su fama de hermosa a la montaña costera. La brava sierra que forma la costa brava es como un gran contrafuerte que corre de Noroeste a Sureste, cubriendo la llanura.

  • Pero, ¿cómo era realmente Deià? Un pueblo de unos 400 habitantes, con unas doscientas sólidas casas de piedra, la mayoría de ellas construidas en el lado interior de una colina rocosa que ocupaba el centro de un gran círculo de montañas.

  • Chopin y George Sand permanecieron en Mallorca durante poco más de tres meses. La primera semana en una casa de huéspedes de la calle de la Marina, en Palma.

  • En el fondo, colindando con el cielo o meciéndose con él en nacaradas lontananzas, las bahías de Pollensa y de Alcudia, y ciñendolas un intrincamiento de oscuros peñascos, de promontorios, al modo de islotes o de una tropa de enormes cetáceos fosilizados. El cabo de Formentor hiende el mar.

  • Hace apenas una hora he andado por el paseo maritimo de Palma de Mallorca, desde la Lonja hasta El Molinar, y ahora estoy en un cafe desalinado, bebiendo un vaso de vino tinto frente a un camarero magrebi. Es una manana de invierno de cielo bajo, especialmente furiosa, aunque solo llovizna.