Citas de Madrid

  • “Te quiero tanto como a la libertad, a la dignidad y al derecho de todos los hombres a trabajar y a no tener hambre. Te quiero como quiero a Madrid, que hemos defendido, y como quiero a todos mis camaradas que han muerto.”

  • Hay ciudades tan descabaladas, tan faltas de sustancia histórica, tan traídas y llevadas por gobernantes arbitrarios, tan caprichosamente edificadas en desiertos, tan parcamente pobladas por una continuidad aprehensible de familias, tan lejanas de un mar o de un río, tan ostentosas en el reparto

  • Autor: 

    En la minoría de edad de Alfonso XIII, Madrid estaba lleno de casas de juego. Sólo en la Puerta del Sol, contando los entresuelos de los cafés y los pisos altos, había catorce o quince. Además, se jugaba desenfrenadamente en todos los círculos.

  • Es aquel un Madrid santo, parsimonioso, a media luz, olvidado —como en el Siglo de Oro y los demás otros siglos de mote diferente— de todas las fortunas lejanas. ¡Sí que le importó mucho el que no se pusiese el sol en sus dominios!

  • Madrid, divinamente
    suenas, alegres días
    de la confusa adolescencia,
    frío cielo lindando con las cimas
    del Guadarrama,
    mañanas escolares,
    rauda huida
    al Retiro, risas
    de jarroncito de porcelana,
    tarde

  • Autor: 

    El madrileño ha encontrado su punto en la tertulia, en el café (...). La tertulia, el café -o la tasca-, en Madrid, son universales, es decir, populares.

  • Miré los muros de la patria mía,
    si un tiempo fuertes ya desmoronados
    de la carrera de la edad cansados
    por quien caduca ya su valentía.

  • Información de NANA, 14 de abril de 1937.

  • Autor: 

    A esta hora, los pocos transeúntes que pasean por el cruce formado por la Castellana y la calle de Alcalá observan con asombro cómo una bandera sube lentamente por el mástil del Palacio de Comunicaciones. La bandera que sube por el mástil es la bandera republicana.

  • Información de Nana, 11 de abril de 1937

  • Autor: 

    Sólo más tarde, al ir a Madrid por vez primera, me di cuenta, antes que de otras diferencias, de ésa primordial de la luz. Madrid no me parecía austero por ser castellano, sino porque su luz no tenía artificio. La claridad del aire, su limpidez, eran para mi cosa inusitada.