Citas de Cuba

  • „Envuelto en sus improvisados lutos que olían a tintas de ayer, el adolescente mirada la ciudad, extrañamente parecida, a esta hora de reverberaciones y de sombras largas, a un gigantesco lampadario barroco, cuyas cristalerías verdes, rojas, anaranjadas, colorearan una confusa rocalla de balcones

  • Autor: 

    "La Habana que leerán aquí es La Habana de mis vivencias, de mis andanzas, pero tambíen la de mis lecturas, la de mis escritores predilectos, la de mis fantasmas. Es La Habana de mi madre, y a la falta de mi madre, La Habana se convirtió en mi madre, una madre lejana y siempre añorada.

  • Nos hemos vuelto autistas. No nos ha quedado más remedio que inventarnos un país interior con leyes que podamos manejar para tener al menos algo sobre qué decidir. Cuestión de supervivencia. A mí solo me importa esta ciudad.

  • Lo que sí sabía la negra, y muy bien, era la historia de todas esas callecitas de intramuros, porque ella misma había asistido a su nacimiento y evolución.

  • Y Muba le enseñó su ciudad; esa que nunca había conocido, pese a haberla caminado tanto. Le mostró sus calles a medio hacer y las huertas que ocupaban grandes extensiones.

  •            Tres navíos españoles —el Asia, el Neptuno y el Europa— fueron hundidos por los propios españoles en un vano intento por bloquear la entrada de la bahía, mientras el enemigo se dedicaba a agrupar cañones en una loma.

  •             Esa tarde había salido al patio del solar y sintió una mirada que la espiaba desde la penumbra de la escalera. Tranquilamente terminó de tender sus sábanas, sin que Muba se moviera o hablara.

  • El cielo se licuaba sobre La Habana. Ramalazos de lluvia castigaban los techos de la ciudad, que se caía a pedazos cada vez que algún aguacero irrumpía en su atmósfera.

  • Y ahí están los libros, que suelen referir que cuando los conquistadores españoles se percataron de la ausencia de oro en aquella isla, y casi la abandonaron a su suerte, interesados por las mayores riquezas del continente, el puerto quedó como tierra de tránsito, para descansar después de una la

  • A mi madre siempre le ha gustado contar lo que sucedió aquella tarde de 1944 en que La Habana fue asolada por un ciclón que se hizo famoso por su fiereza. Mi madre vivía con su familia en una finca llamada La Mimosa, cercana a Bauta, en el camino hacia el cayo La Rosa.

  • Quien haya vivido en La Habana sabe que el Malecón ha sido (y es), como la ciudad misma, muchas cosas. No sólo el ámbito del descanso, del amor, de las conversaciones y desolaciones, de las fiestas, nostalgias y suicidios.

  • Autor: 

    Antes de caer en La Habana había yo visto tierras del trópico, y aunque no mucho, lo bastante atardecer en La Habana para percatarme que, al contrarío de la creencia común, una de sus más elementales características puede ser la mesura.

  • «En todas las esquinas había hombres que le ofrecían un taxi como si fuera un desconocido, y por todo el paseo, a intervalos de pocos metros, los alcahuetes le acosaban automáticamente. “¿Puedo servirle, señor? Conozco a todas las chicas lindas. ¿Quiere ver a una hermosa mujer? ¿Postales?

  • "Cuanto más contemplas la ciudad, y te mueves dentro de ella, más la amas, y cuanto más amor tomas de ella, más amor le devuelves, y si lo deseas, devienes totalmente parte de ella, de todo su intercambio de gozos y provechos, y esto, al fin y al cabo, es el modelo justo de la vida eterna, un sím

  • «No conozco calle más viviente -en el exacto sentido de la palabra- que la calle habanera. Y no se trata aquí de confundir viviente con pintoresco. Las calles andaluzas, los corsos marselleses, las avenidas de las ciudades mediterráneas pueden dar análoga sensación de vida.

  • «La Habana está en mi imaginación y mi anhelo andaluces, desde niño. Mucha Habana había en Moguer, en Huelva, en Cádiz, en Sevilla. ¡Cuántas veces, en todas mis vidas, con motivos gratos o lamentables, pacíficos o absurdos, he pensado profundamente en La Habana, en Cuba!

  • ¨¿Pero qué es esto? ¿Otra vez España? ¿Otra vez la Andalucía munidal? Es el amarillo de Cádiz con un grado más, el rosa de Sevilla tirando a carmín y el verde de Granada con una leve fosforescencia de pez... La Habana surge entre cañaverales y ruidos de maracas, cometas divinas y marimbos...

  • Los frescos vientos del verano nos llevaron pronto más allá del Castillo del Morro, pasadas las amenazadoras baterías de la Cabaña, hasta anclar cerca de Regla, en el interior de la bella bahía de La Habana.

  • Mirad La Habana allí color de nieve,
    gentil indiana de estructura fina,
    Dominando una fuente cristalina,
    Sentada en trono de alabastro breve.
    Jamás murmura de su suerte aleve,
    Ni se lamenta al sol que la fascina,
    Ni la cruda intemperie la extermina,

  • Apoyado en la antigua Fortaleza, en cuya alta planicie vense siempre sentados y circunspectos algunos exóticos artilleros rubios y colorados que con las piernas descolgadas miran a los paseantes, arranca el macizo muro del Malecón, que se extiende desde el fuerte hasta la línea de calles de la pa

  • Autor: 

    He sido transportada al país de las Hadas. !Vivo ahora en un palacio encantado! Toda mi tristeza y mi aprensión desaparecieron apenas vi La Habana y, a medida que el barco se acercaba a la bahía, mi emoción no hallaba palabras para describir la estrañeza de todo lo que me ocurría".

  • «Si fuese preciso dar un sobrenombre a la capital de Cuba, como los ostentaban pueblos y héroes de los poemas homéricos, se le podría llamar Habana «la alegre». Es una ciudad que sonríe al que llega, sin que pueda decirse con certeza dónde está su sonrisa.

  • Autor: 

    «Nada hay que exceda la belleza de la bahía de La Habana. Parecía como un lago interior. Toda imaginable especie del embarcación veíase navegando o fondeada [...].

  • «La juventud cubana o criolla tenía a menos concurrir al Prado a pie; sobre todo el confundirse con los españoles en las filas de espectadores domingueros.

  • "La vista de La Habana, a la entrada del puerto, es una de las más alegres y pintorescas de que pueda gozarse en la América equinoccial, al norte del ecuador.

  • En La Habana siempre me dio miedo el mar. Y como en La Habana casi todos los caminos conducen al mar, casi todos los caminos me conducían al miedo. Creo que La Habana no se entendería sin el mar y sin el miedo.