Citas de Miguel de Cervantes

Paseándose dos caballeros estudiantes por las riberas de Tormes, hallaron en ellas, debajo de un árbol durmiendo, a un muchacho de hasta edad de once años, vestido como labrador.

Quintanar de la Orden, por su cercanía al mítico lugar nunca nombrado donde vivía Don Quijote, tiene una presencia constante en la obra de Miguel de Cervantes. 

Gracias a la fama, no siempre positiva, que la Universidad de Osuna gozaba en toda España durante los siglos XVI y XVII, la localidad sevillana es citada en numerosas ocasiones a lo largo de El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, la obra cumbre de la literatura española.

En fin, por caminos desusados, por atajos y sendas encubiertas, partieron Roque, don Quijote y Sancho con otros seis escuderos a Barcelona.

"Retiróse la duquesa, para saber del paje lo que le había sucedido en el lugar de Sancho, el cual se lo contó muy por estenso, sin dejar circunstancia que no refiriese; diole las bellotas, y más un queso que Teresa le dio, por ser muy bueno, que se aventajaba a los de Tronchón…“. Segunda Parte.

-Tápenme –respondió Sancho-, y pues no quieren que me encomiende a Dios ni que sea encomendado, ¿que mucho que tema no ande por aquí alguna región de diablos, que den con nosotros en Peralvillo?

"Solamente faltan Ruidera y sus hijas y sobrinas, las cuales llorando, por compasión que debió de tener Merlín dellas, las convirtió en otras tantas lagunas, que ahora en el mundo de los vivos y en la provincia de la Mancha las llamanXI las lagunas de Ruidera28; las siete son de los reyes de Espa

—Digo, pues, señores míos —prosiguió Sancho—, que este tal hidalgo, que yo conozco como a mis manos, porque no hay de mi casa a la suya un tiro de ballesta, convidó un labrador pobre, pero honrado.

En estas y otras gustosas pláticas se les pasó aquel día, y a la noche se albergaron en una pequeña aldea, adonde el primo dijo a don Quijote que desde allí a la cueva de Montesinos no había más de dos leguas, y que si llevaba determinado de entrar en ella, era menester proveerse de sogas, para a

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.

Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo ni le dio cata dello.

—Desa manera —respondió Constanza—, vos, señora, española debéis de ser.

—¡Y cómo si lo soy! —respondió ella—; y aun de la mejor tierra de Castilla.

—¿De cuál? —replicó Constanza.

—De Talavera de la Reina —respondió ella.

—¡Gracias sean dadas a Dios, señores, que a tan buena parte nos ha conducido!

Sucedió, pues, que un porfiado viento nos salteó una noche, que, sin dar lugar a que amainásemos algún tanto o templásemos las velas, en aquel término que las halló, las tendió y acosó, de modo que, como he dicho, más de un mes navegamos por una misma derrota; tanto que, tomando mi piloto el altu

Cinco leguas de la ciudad de Sevilla, está un lugar que se llama Castilblanco; y, en uno de muchos mesones que tiene, a la hora que anochecía, entró un caminante sobre un hermoso cuartago, estrangero.

"En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo; y, así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:

“Una vez me mandó que fuese a desafiar a aquella famosa giganta de Sevilla llamada la Giralda, que es tan valiente y fuerte como hecha de bronce, y sin mudarse de un lugar es la más movible y voltaria mujer del mundo.